Educación, ideología y violencia: dimensiones de la crisis sistémica en Cuba
El verdadero desafío que enfrenta Cuba no es meramente administrativo o financiero; es, en su núcleo más íntimo, un desafío educativo y antropológico. La recuperación de una convivencia social pacífica y constructiva en la isla será imposible sin una transformación radical que devuelva a la educación su autonomía, pluralidad y capacidad de fomentar el pensamiento crítico.
Cuba, el día después y el arduo trabajo de la memoria
Una Cuba democrática tendrá que aprender a vivir después de la Revolución sin necesitar vivir permanentemente contra la Revolución. Si el nuevo orden solo pudiera definirse por su oposición al anterior, el pasado continuaría gobernando el presente, aunque lo hiciera bajo un signo inverso.
La «piñata» de GAESA & asociados
Más allá del balbuceante rumbo de las 176 medidas, los representantes de GAESA agitan su suculento mazo de zanahorias (minerales estratégicos; turismo; puerto del Mariel y otras radas importantes al Atlántico y El Caribe; mano de obra calificada y barata,; infraestructura por reconstruir) ante las fauces hambrientas de Trump y sus amigos. ¿Será recibido por un Castro, o un castrista, en su prometida visita a Cuba siendo presidente?
Ante el inicio del nuevo curso escolar
En las incalificables condiciones de precariedad en que se desenvuelve la vida cotidiana, en medio ―además― de absurdas contradicciones y del total desconocimiento de las más elementales demandas ciudadanas, la información oficial dibuja un panorama para la realización de la principal actividad de cualquier nación, como es la educación de sus ciudadanos, que, una vez más apuesta por el triunfalismo.
El daño del daño antropológico: notas críticas desde la antropología política
Si nuestras miserias provienen de un daño social compartido que nos ha quebrantado el espíritu y parte de nuestra esencia, y si ese daño continúa siendo validado por los cubanos de la Isla y la diáspora, entonces el destino de nuestra nación quedará indefinidamente en manos de supuestos salvadores que decidirán por nosotros. Si no estamos antropológicamente rotos, ¿qué hacemos con todo lo que sí está roto?
Fidel Castro: el ciclo y el siglo
Los sucesores de Fidel Castro mantuvieron las instituciones coercitivas y el monopolio político, pero perdieron progresivamente el mecanismo personal que articulaba coerción, redistribución, movilización y legitimidad. El ciclo del castrismo llegó a su fin casi dos décadas antes de que se cumpliera el siglo de su artífice.
De las «nacionalidades oprimidas» a la autonomía de la «franja negra de Oriente»
Las consignas de la «nacionalidad oprimida» y la «autodeterminación» no fueron bien acogidas por la población. Ello no solo fue así en Cuba; en ninguna parte surgió algún territorio autónomo. El PCC parece no haber comprendido la dialéctica de lo racial-clasista-nacional.
La mutación de la resistencia civil en Cuba: del «monólogo revolucionario» a la polifonía digital y estética
El cambio semiótico hacia «Patria y Vida» desencadenó una profunda resignificación de la identidad social y colectiva. Durante décadas, el andamiaje psicológico de la colectividad se había cimentado en la cultura del sacrificio, la épica del sufrimiento y la postergación indefinida de las necesidades individuales en nombre de un proyecto superior. Al restituir el valor de la vida cotidiana, la realización personal y el bienestar material como ejes rectores de la pertenencia nacional, la canción subvierte la jerarquía de necesidades psicológicas de la población.
Partido Revolucionario Cubano, ¿precedente del Partido Comunista de Cuba?
José Martí aseguró que «El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio». Contrariando estas afirmaciones, Fidel Castro le atribuyó a José Martí el supuesto propósito de convertir al PRC en instrumento de dominación durante la guerra y en la sociedad republicana: «organizó el Partido Revolucionario Cubano para hacer la guerra y para dirigir la Revolución».
El viejo dilema cubano: reforma vs revolución
Se acabó el tiempo para las reformas al uso. Si se pretende un verdadero cambio para salvar al país, hay que marcar rumbo hasta llegar al fondo. Los cambios tienen sentido si, llegados a este punto, se emplean como táctica para arribar en el menor tiempo posible al reemplazo del sistema de partido único.
¿Deberían proscribirse el Partido Comunista y otros de izquierda en un escenario de democracia en Cuba?
Todos los militantes, tanto del PCC como de su «hija», la UJC, son culpables: unos por decisión y otros por resiliencia, oportunismo, o simple omisión. La opción de no pertenecer y de no aceptar la coerción siempre han existido. Ninguna violación de derechos, por leve que sea, debería quedar impune. Pero de ahí a proscribir el partido va un buen tramo. Un sistema que discrimina opiniones políticas que no violan derechos de los demás, no es un «Estado de Derecho», ni es democrático, por mucho que lo proclame.
El daño antropológico y el sujeto sano: notas críticas desde la antropología política
El daño antropológico cumple una función retórica comprensible: nombra un sufrimiento real y le da forma narrativa, pero presenta (o permite presentar) ese sufrimiento como evidencia de lo que somos, en lugar de como consecuencia de lo que hemos vivido. La alternativa no es negar que exista sufrimiento, deterioro o costo psíquico bajo la dominación prolongada, sino reemplazar la pregunta totalizante: «¿está dañado este pueblo?», por preguntas más precisas y verificables: ¿qué pasa con la salud mental, la esperanza de vida, la libertad de prensa, el número de protestas, las tasas de migración, aquí y ahora?
Fidel Castro: «la Revolución soy yo»
El liderazgo carismático de Fidel Castro giró en torno a un discurso demagógico a partir de la identificación entre «Patria», «Revolución» y «Socialismo», la nueva Santísima Trinidad en la que el pueblo debía depositar su fe y esperanza. En este entorno distópico, él reinaría como especie de mediador, un sumo sacerdote que en cada momento explicaría a la gente qué hacer para mantenerla.
Fidel, una tarea del Partido. Análisis de la serie «El siglo de Fidel»
Las celebraciones por el centenario de Fidel Castro es una tarea del Partido, al más puro estilo de los cientos de derroches anteriores que sumieron a Cuba en la miseria, se perfila en el horizonte. Pasará agosto y pasará la efeméride. Los textos quedarán en un archivo digital que nadie relee, los certificados de participación en alguna gaveta, y será el pueblo quien sufragará, con más penurias, los tremendos gastos ocasionados. El siglo de Fidel resultó ser, exactamente, el tiempo que tarda un hombre en destruir un país.
Luisma, la conga y el daño antropológico
¿Cómo en un país sin medicinas, sin corriente, sin comida y sin futuro hay gente sudando, bebiendo, cantando obscenidades? ¿Cómo Luis Manuel Otero, tras cinco años de celda, salió riéndose, hablando de trabajo y de sexo como cualquier ser vivo? Hay quienes miran esa vitalidad desde el exilio y sienten que les desmiente el desastre; hay quienes la miran desde el poder y encuentran confirmada su tesis de siempre. Eso no es pueblo, es lumpen. El poder del exilio necesita a Cuba convertida en fotografía de hambre; el otro, al pobre convertido en agente acéfalo.
Dentro del capitalismo todo, contra el poder nada
Mientras el discurso continúa apelando al socialismo, las reformas avanzan precisamente hacia su desmontaje, lo cual no es una mala noticia. Sin embargo, el resultado no es la transición hacia una democracia con economía de libre mercado abierta y competitiva, sino a un modelo híbrido, en el que la liberalización económica queda subordinada a la preservación del monopolio político. Se ha injertado en el tronco del totalitarismo cubano lo peor del capitalismo latinoamericano.
En torno a un Castro III
Cualquier proceso de transición que se abra en Cuba tendrá que partir de la expropiación de las propiedades, negocios y cuentas bancarias de la familia Castro y sus testaferros nacionales y extranjeros, por haber sido obtenidas mediante el robo y la usurpación de propiedad pública perteneciente al pueblo, iniciada por Castro I desde los inicios de la mal llamada Revolución en el Poder. Los expropiadores deberán ser expropiados y sus cuentas confiscadas.
Del meme al cacerolazo: la infrapolítica en Cuba como límite y posibilidad
¿Qué sucede ahora que sí se protesta, cuando en otros momentos, probablemente, había razones para hacerlo y sin embargo no se hacía? Porque tener motivos para protestar no equivale per se a sentirse capaz de hacerlo; sentirse capaz no implica reconocer que otros comparten el mismo malestar; y reconocer ese malestar compartido tampoco garantiza la capacidad de organizarse para protestar.
El cargo y la sombra: por qué Cuba no es Venezuela
No conviene, como decían nuestras abuelas, «confundir la leche con la magnesia», y tratar a Cuba como si fuera Venezuela equivaldría a descargar toda la fuerza precisamente allí donde el poder no está. El régimen cubano no caerá el día en que cambien sus rostros, sino aquel en que cedan sus costuras; y esas costuras no están en un cargo formal, sino en el miedo y el deseo de sobrevivir de quien lo ocupa.
Más allá del castigo y el olvido: ¿qué hacer con los militares, militantes y colaboracionistas?
Más allá del castigo y el olvido: ¿qué hacer con los militares, militantes y colaboracionistas? La experiencia comparada demuestra que no existe un modelo de justicia transicional que pueda trasladarse íntegramente al caso cubano. Por ello, la opción más sólida, tanto desde el punto de vista jurídico como político, consiste en exigir responsabilidades a partir de la conducta concreta y la responsabilidad individual de cada persona, y no de su sola pertenencia a una institución del régimen anterior.